Tan alto como parece

posteado por Mariano T. Rodríguez Ribas
Fue un lunes a la mañana.
Estaba esperando que terminen de secar mi auto en el lavadero. Llegó un Renaul 12 break del que se bajó una chica de unos “treintaylargos”, se notaba que era una especie de hippie devenida en madre: Esas madres muy colgadas que tienen un ángel de la guarda importante. Esas madres que se olvidan de las cosas más básicas pero que de alguna manera todo les termina saliendo bien. Esas madres que te miran con una parsimonia que hace imposible que no te enamores.

Esta madre, con musculosa celeste, rubia, pelo largo, con pantalones color caki y con manchas de barro. Se bajó y le pidió al tipo del lavadero si le prestaba la aspiradora.
Ella ni pensó que el tipo vivía de eso. A ella ni se le pasó por la cabeza que era insólito ir a un lavadero a pedir prestados los elementos de limpieza. Y eso es lo grandioso que tienen algunas mujeres. Que consiguen lo imposible sin siquiera saber que es imposible lo que están consiguiendo. (Sólo algunas pueden y son las que por lo general me pueden)

Ante tanta naturalidad y belleza el tipo del lavadero se comportó como un caballero. No sólo buscó la aspiradora sino que también empezó a pasársela al auto, sin esperar ninguna moneda a cambio. Porque en el fondo él sabía muy bien que si das buena onda, recibís.

Cuando abrió la puerta aparecieron todo tipo de cosas que una madre hippie puede dejar tiradas en el auto. Botellas vacías, envases de yougur, un matafuegos, papales de caramelos, monedas, carilinas y cuantas etcéteras se te puedan ocurrir.

Pero en ese momento mi cuadro cambió, la escenografía se transformó por la aparición de la hija de esta madre, hippie y colgada.

Una enana, de unos 5 años, rubia como si fuera sacada de un libro de cuentos para chicos. Se bajó del auto y lo rodeó dejando que el paso de sus dedos hicieron de trapo para dejar cuatro líneas limpias, despojadas de tierra alrededor de la carrocería del desvencijado auto.

Y así nomás, con ese caminar a paso lento, arrastrando la punta de las zapatillas, se paró adelante del auto y mirando el cielo le preguntó a la mamá. (Y eso que la mamá no estaba cerca, pero las madres siempre están al lado de uno, aunque realmente no lo esté).

-“¿Mamá?. ¿El cielo está tan alto como parece?” dijo.

No pude evitar mirar al cielo. Me quedé pensando en una respuesta. En algo que tuviera sentido para contestar esa pregunta tan trivial. Y fue ahí cuando entendí que lo bueno es poder vivir la pregunta.

Según Wikipedia

posteado por Mariano T. Rodríguez Ribas
“La felicidad es el resultado de una actividad neural fluida en la que los factores internos y externos interactuan estimulando el sistema límbico. La estimulación del ego por parte de este sistema, nos dará un enfoque de los resultados más óptimos, ayudando a la integración de la información adecuada. Ello fomentará respuestas nutridas desde el inconsciente, que nuestro consciente adaptará a los límites del medio. De esta forma se propicia o aplaza ese estado anímico. Si no se logra integrar la información de forma óptima, el resultado será una polarización a la espera de ser integrada en una solución que cancele la carga.”

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