Pensando en cosas serias
No sé cuantos años tenía yo. Me acuerdo que era bastante niño, lo suficientemente niño como para sentarme a almorzar en "la mesa de los chicos" y ser relegado de compartir las charlas de "los mayores".
Era invierno, y estábamos en un centro de ski. Como solía suceder generalmente en estas situaciones, las vacaciones de invierno eran la mejor excusa para que los padres puedan escapar de la ciudad, y juntándose con amigos, lograr que sus hijos, adolescentes y no tanto, quemen las energías características de la edad. Con esa excusa nos encontrábamos todos en un centro de ski, pleno almuerzo, caras rojas de sol, manos heladas de nieve, pilas de camperas por todos lados, guantes, bufandas y mucha manteca de cacao para los labios.
La mesa de los grandes estaba conformada por un gran número de padres jóvenes, tal vez 4 ó 5 parejas que promediaba los 43 años y la mesa de "los chicos" con todo el producto de tanto amor entre esas parejas. Niños y niñas de todas las edades disfrutando del ketchup y las papa-fritas, alardeando de los bien que esquiaban y organizando una carrera para después del almuerzo.
Sentado en la mesa de los niños como correspondía, me di vuelta para preguntarle alguna pavada a mi padre cuando vi que todos observaban atentamente a uno de los comensales de esa mesa. No recuerdo quién era exactamente pero nunca pude olvidar sus frases. Sentado con una polera negra hasta el cuello, muy seriamente, increpó a todos los de la mesa con mucha sonrisa pero un dejo de tono a penitencia y reto: "Uds. los de Buenos Aires, se la pasan hablando de cosas serias todo el tiempo. La economía, la crisis, la inseguridad, el precio de la nafta, lo que sea. Pero siempre hablando de cosas serias. A mi me encantaría hablar de si tal o cual marca de anteojos es mejor porque te tapa las patas de gallo. Hablar de pavadas, pero de cosas que te importan en serio también". Todos se quedaron callados y alguien siguió la charla dejando de lado el tono de profundidad a su comentario.
Ya pasó bastante tiempo, ya no me siento más en la mesa de "los chicos" aunque muchas veces me gustaría seguir ahí, hacer guerra de pan y organizar carreras de ski. Pero me encuentro sentado hablando mucho de cosas serias. No digo que esté mal, pero ya estoy empezando a tener arrugas en los ojos. ¿Alguien sabe que marca de anteojos me las tapa más?
Era invierno, y estábamos en un centro de ski. Como solía suceder generalmente en estas situaciones, las vacaciones de invierno eran la mejor excusa para que los padres puedan escapar de la ciudad, y juntándose con amigos, lograr que sus hijos, adolescentes y no tanto, quemen las energías características de la edad. Con esa excusa nos encontrábamos todos en un centro de ski, pleno almuerzo, caras rojas de sol, manos heladas de nieve, pilas de camperas por todos lados, guantes, bufandas y mucha manteca de cacao para los labios.
La mesa de los grandes estaba conformada por un gran número de padres jóvenes, tal vez 4 ó 5 parejas que promediaba los 43 años y la mesa de "los chicos" con todo el producto de tanto amor entre esas parejas. Niños y niñas de todas las edades disfrutando del ketchup y las papa-fritas, alardeando de los bien que esquiaban y organizando una carrera para después del almuerzo.
Sentado en la mesa de los niños como correspondía, me di vuelta para preguntarle alguna pavada a mi padre cuando vi que todos observaban atentamente a uno de los comensales de esa mesa. No recuerdo quién era exactamente pero nunca pude olvidar sus frases. Sentado con una polera negra hasta el cuello, muy seriamente, increpó a todos los de la mesa con mucha sonrisa pero un dejo de tono a penitencia y reto: "Uds. los de Buenos Aires, se la pasan hablando de cosas serias todo el tiempo. La economía, la crisis, la inseguridad, el precio de la nafta, lo que sea. Pero siempre hablando de cosas serias. A mi me encantaría hablar de si tal o cual marca de anteojos es mejor porque te tapa las patas de gallo. Hablar de pavadas, pero de cosas que te importan en serio también". Todos se quedaron callados y alguien siguió la charla dejando de lado el tono de profundidad a su comentario.
Ya pasó bastante tiempo, ya no me siento más en la mesa de "los chicos" aunque muchas veces me gustaría seguir ahí, hacer guerra de pan y organizar carreras de ski. Pero me encuentro sentado hablando mucho de cosas serias. No digo que esté mal, pero ya estoy empezando a tener arrugas en los ojos. ¿Alguien sabe que marca de anteojos me las tapa más?

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