Ahí estábamos. Simplemente por dejarnos llevar, por “dejar fluir”, por no programar, por lo que fuere. Ahí estábamos. Éramos como 15, sentados a la mesa, compartiendo un asado.
Nos habíamos dejado llevar pero también habíamos enfocado la energía, o las ganas, o lo que fuere. Amoldando las posibilidades para que de alguna manera terminemos más o menos donde queríamos. Terminemos donde estábamos.
Lo mejor de todo era que no había grandes expectativas. El objetivo era estar, entre algunos queridos amigos. La consigna de la mayoría era: No estar en Buenos Aires y estar con amigos.
Y ahí estábamos. Amigos de toda la vida, otros no tanto, otros recién conocidos. Algún viajero que estaba de paso...Ya había pasado el momento de los abrazos, las miradas cómplices de las amistades duraderas y los mensajes por celular a los que estaban presentes en los pensamientos. De fondo, la pirotecnia de los vecinos, más lejos el mar, y más al fondo las estrellas. Sentados a la mesa en la galería, compartiendo el asado, un vinito, un clericot y algunos whiscolas. Descorchamos el vino espumante al estilo de Chapaña, llenamos nuestros desparejos vasos (porque para un brindis de este estilo no hacen falta copas de cristal) y a un alma de las 15 se le escapó una linda idea. Una feliz idea. En contra del sentido de las agujas del reloj, como queriendo detener el tiempo, cada uno tenía que expresar un deseo para este nuevo año. Con cada deseo un brindis, con cada deseo, el segundero corría para atrás y así, para mi, logramos frenar el tiempo, aunque sea unos minutos.
Hubo brindis por los que no estaban, por la felicidad, por las noticias venideras, por las parejas que se unirían en matrimonio, por la amistad y demás. En cada brindis estábamos todos presentes y con cada sorbo de champaña se frenaba un segundo más el tiempo.
Y como me pasa algunas veces, salí de la escena. Me alejé sin alejarme y desde arriba vi a 15 personas reunidas en una mesa. De pie, en la galería de una casa de verano. Y entre miradas, abrazos de amistad, saludos y tragos de chapaña me seguí alejando como una cámara en la escena final. Desde afuera me vi, entre mis amigos, brindando por un futuro y riéndonos de nuestro pasado.
Y ahí estábamos, sin planearlo. Disfrutando de todo y de la nada misma. Compartiendo. Y fui feliz.